martes, 15 de diciembre de 2015

¿Eres antisocial? Quizás sufras de intolerancia…







Hace pocos días leía esta frase en Facebook ...

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a los gilipollas

Me pareció buenísima y no dudé ni un momento en darle mi “me gusta”. Confieso que me magnetizó porque me sentí plenamente identificada.

Discúlpame la expresión pero la causa lo justifica.

Verás, soy de esas personas que analiza una y otra vez las cosas, las piensa, las reflexiona, se hace preguntas, busca sus fallos para intentar mejorarlos, consciente de que siempre hay mucho camino por recorrer y muchas, muchísimas cosas por mejorar de nosotros mismos. Y en estas largas y profundas charlas con mi Yo más profundo, llevo tiempo preguntándome reiterativamente si me estoy volviendo “antisocial”.

Hace años ya…. que camino por la vida y cada día, con más frecuencia, observo miles de quejas y lamentos con contrapartida pasividad, no veo acción en las personas, no veo lucha, afán de superación, resiliencia, fuerza y coraje para cambiar esa situación que incomoda, también observo egoísmo, relaciones superficiales basadas en el más puro interés, grupos de personas que se autodenominan amigos y en el momento en que uno de ellos se ausenta se convierte en centro de críticas y sarcasmos sobre su persona, cuando 5 minutos antes eran todo sonrisas, halagos y postureos de "happy friends".

Observo un mundo artificial donde lo material se sobrepone a lo espiritual en una escala desmedida, observo que la nobleza, la coherencia, el compromiso, la honestidad y la empatía han quedado relegados a ser términos olvidados en las páginas de un diccionario.

Y ocurre que cada vez siento menos interés por tener, lo que se entiende por, vida social. Cada día me siento más feliz conmigo misma como única compañía.

¿Por qué?, porque no me interesa "aparentar", porque siento que lo que me rodea no me aporta, no me enriquece, no me apasiona, no me ilusiona, no me hace feliz, me deja indiferente y, lo peor,  absorbe mi energía dejándome exhausta y con una amarga sensación de haber tirado a la basura una parte de lo más valioso que poseo, mi tiempo.

Cuántas veces te encuentras en lugares, situaciones, con personas... y te sorprendes preguntándote… ¿qué hago yo aquí?

Todo eso te revuelve por dentro y le das vueltas y más vueltas y llegas a pensar que el problema eres tú, que tú eres el loco que va por la autopista en dirección contraria pensando que los locos son los que vienen de frente.

Muchas horas de conversación contigo mismo intentando averiguar dónde está el error.

Sin embargo vives momentos maravillosos en compañía de algunas personas dónde todo eso no sucede, dónde sientes una sintonía perfecta, dónde se pasan las horas sin que te des cuenta, donde te cargas de energía, de ilusión, de ganas de vivir, de seguir creciendo junto a ellas, porque te aportan tanto, te llenan y te hacen feliz y en lugar de preguntarte ¿qué hago yo aquí? Llegas a casa con una sonrisa en el alma sintiendo ¡que afortunada soy por tener en mi vida personas que merecen la pena!

Hay un momento en la vida donde de tanta experiencia, de tanto observar, de tanto vivir, de tanto pensar, de tanto sentir…. tienes muy claro lo que quieres y aún más claro lo que NO QUIERES.

No me interesa la gente políticamente correcta
No me interesa la gente egoísta
No me interesa la gente falsa
No me interesa la gente interesada
No me interesa la gente sin nobleza
No me interesa la gente para la que la empatía es un terreno inexplorado
No me interesa la gente que no practica la honestidad
No me interesa la gente que miente
No me interesa la gente con un corazón que no sabe sonreír, ni sentir
No me interesa la gente sin alma
No me interesa la gente simple
No me interesa la gente que se queja y lamenta amargamente pero no mueve ni dedo por cambiar su situación
No me interesa la gente prepotente
No me interesa la gente que se mira el ombligo
No me interesa la gente que te busca por interés
No me interesa la gente fanática de ningún tipo
No me interesa la gente intolerante
No me interesa la gente que se aprovecha del débil
No me interesa la gente que no sabe perdonar
No me interesa la gente que odia
No me interesa la gente que sólo sabe brillar apagando la luz de los demás
No me interesa la gente cobarde
No me interesa la gente sumisa
No me interesa la gente violenta
No me interesa la gente manipuladora
No me interesa la gente sin valores
No me interesa la gente por lo que tiene sino por lo que vale.

No me interesa la envida, la violencia, la venganza, el odio ni la hipocresía.
No me interesa nada que no me aporte como persona, que me haga crecer, ser mejor cada día, aprender, emocionarme, soñar, que me inyecte energía, ilusión, ganas de vivir y que me inspire a sentir a su lado ¡qué bonita es la vida!

Creo en un mundo mejor, creo en las personas, en el pleno significado de la palabra, creo en la amistad verdadera, creo en el amor y creo en los sueños.

Y si por todo ello me tachan de borde, seguiré respondiendo….

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a cierto tipo de personas...


Por eso querido amigo, si tú también sufres de la misma intolerancia que yo, puedes estar tranquilo, no te estás volviendo "antisocial".

Mi consejo de hoy es que no cambies nunca, que no te dejes arrastrar por la masa, que no permitas que nada destroce tus sueños, que no toleres que nadie camine por tu mente con los pies sucios.

Rodéate e invierte en esa gente que te hace feliz, que llena y da sentido a tu vida, que te hace crecer, que te enseña y te inspira a ser mejor persona, que dibuja una sonrisa en tu alma y con la que puedes construir un mundo mejor, más justo y más humano.

Continúa charlando contigo mismo, no temas estar solo, disfruta de tu compañía, se selectivo, invierte tu esfuerzo y tu tiempo en lo que realmente merece la pena, sé fiel a ti mismo, escucha a tu corazón, defiende a muerte tu esencia, tu personalidad y tus ideales, no permitas que te manipulen, revélate y siéntete orgulloso de ser como eres.

No elijas nunca la pastilla azul.



 Esther de Paz

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