lunes, 11 de mayo de 2015

Sé como el mar






En nuestra charla de hoy quiero que me escuches con atención, es importante. Estoy aquí, frente al mar y estoy pensando en ti, en todas esas cosas que rondan tu cabeza, en esas nubes grises que amenazan tormenta, en ese viento desapacible que te provoca escalofríos, en ese descenso térmico interior que intenta paralizarte, en esas distorsiones "climato-emocionológicas" que te desorientan y te ocultan el sol….

Pienso en ti y sin saber por qué, rememoro recuerdos..

Verás, te contaré un secreto, hace muchos años, siendo una niña, me pusieron como deberes en el cole escribir una poesía, nunca había escrito ninguna, ¡mi primera poesía!, no sabía ni por dónde empezar y de repente, sin pensar,  me salió así:

El mar
Qué bello es el mar
Con sus olas verdes que vienen y van.
Los pájaros vuelan sin saber qué hacer
Y el sol se asoma por el horizonte cada amanecer…

Hoy, después de ¡tantos años! Y aquí, frente a él, todavía la recuerdo y la sonrisa es inevitable….
Son tan simples esos versos, desprenden tanta ingenuidad… es increíble que haya podido pasar tanto tiempo y tan deprisa…

Pero lo que me lleva a contarte esta historia es que hoy, tanto tiempo después, el mar sigue provocando en mí un raudal de emociones y a medida que va pasando el tiempo esa lista se alarga y su poder se vuelve más intenso.

Sigue siendo un misterio el por qué de esa omnipotencia, pero lo cierto es que existe y se siente y junto a él encuentro la paz.

Me inspira, siento, pienso y por eso te digo...  Sé como el mar.

El mar tiene la capacidad de ser bello cada día, de ser distinto, especial, de cambiar de color, de ser manso, fuerte, bravo y hasta de enfurecerse.
Tiene la capacidad de sorprender, de emocionar, de abrazarte, de dejarse querer, admirar, de pasearte por sus bellas aguas,  de procurarte alimento, diversión, aventura, misterio..

También puede ofrecerte cobijo, hacer que le eches de menos si no está, de ser tu amigo y confidente. Tiene la capacidad de entenderte, de enamorarte, de provocar tu admiración, es presumido y se muestra bello para ti, te regala la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído. 
Es grande y poderoso pero se pone a tu disposición con humildad.

¡Sé como el mar que cada día se reinventa para ti!

Reinvéntate cada día si es necesario, no permitas que nada pueda contigo, las dificultades existen y te acompañarán siempre, los problemas están al acecho y te asaltan cuando menos te lo esperas, el camino no es llano, caminar no es fácil, la energía en ocasiones se agota y el agotamiento te confunde y dispersa dejándote desorientado y a la deriva, pero no naufragues, ¡no te lo permitas!, la fuerza está en ti y aunque no lo creas es inagotable, estar donde estás lo demuestra, por tanto tenlo presente y cuando estés pensando en abandonar tómate un respiro, hazte un regalo y mímate para recuperarte.

Un parón en seco es necesario para una arrancada cargada de energía, de fuerza y determinación.

Sé como el mar y siéntete poderoso, bello, distinto, especial, cambia de color, sé manso, bravo, enfurécete si es necesario, sorprende, emociona, abraza, quiere y déjate querer. 
Admírate, pasea por tu interior, alimenta tu alma, diviértete, vive una aventura, busca el misterio, la emoción, la pasión, cobíjate en ti mismo sin dejar de ser un puerto de referencia dispuesto a acoger y dar cobijo a su vez. Sé tu propio confidente, entiéndete, se magnánimo, no te juzgues, conversa contigo mismo y disfruta de la conversación, párate, contempla, siente, vive cada segundo con intensidad, ponte a tu disposición y date un respiro, regálatelo con generosidad y escucha tu corazón.

Te lo mereces, lo necesitas y no te lo cuestionas, sabes lo que quieres y sabes aún mejor lo que no quieres, tienes el poder y la fuerza para marcar los límites y seguir adelante.

Contémplate y regálate la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído y acércate al mar porque él sabe de ti, de tu grandeza y te comprende.
El está ahí  para que te conectes y te recargues.

Enchufa el cargador, conéctate y date un respiro.

¡Sé como el mar, reinvéntate cada día!

Porque, al fin y al cabo, nada ni nadie podrá hacerte feliz si tú no lo haces antes.





Esther de Paz